jueves, 30 de septiembre de 2010

LA VEJEZ COMO SITUACIÓN FUNDAMENTAL DEL EXISTIR (Lilibeth Acevedo, 2007)


"Caen mis cabellos y mis dientes se amarillean.

¡Mis cabellos, entonces, idos, y mis dientes amarillentos!

¡Qué epifenómeno es mi vida! ¡Qué bagatela, tan efímera y deseable, la belleza!

No hay más remedio que irse agarrando a un propósito que nos escude

contra la tristeza de la decadencia y de la muerte."

Fernando Gonzalez


En la actualidad, se habla de vejez como si fuese una realidad bien definida, como si todo ya estuviese dicho, configurado, y no tuviese nada más que agregar. Mayormente se habla de ella en sus cambios biológicos, pero no se tiene en cuenta que el viejo también tiene una dimensión existencial. “la vejez acarrea consecuencias psicológicas: ciertas conductas se consideran con justa razón como características de una edad avanzada. Como todas las situaciones humanas, tiene una dimensión existencial: modifica la relación del individuo con el tiempo, por lo tanto su relación con el mundo y su propia historia”. (De Beauvoir. 1980).

En todas las épocas, el individuo ha indagado de sí, ha buscado siempre saber qué pasa en cada una de las etapas de la vida, tanto a nivel físico, biológico, psicológico y social. Pero pareciese que a la vez le causara temor saber sobre la vejez, se presume, que esto sucede porque muchos la consideran como un paso a la muerte.

Se cree que existe una relación directa entre vejez y enfermedad, de hecho, ciertos médicos llegan a asimilar la vejez a una enfermedad que siempre concluye en la muerte, es decir, la muerte no sucede por si misma sin que intervenga un elemento patológico, por el contrario, la medicina moderna ya no pretende asignar una causa al envejecimiento biológico, puesto que lo considera como inherente al proceso de la vida, con el mismo derecho que el nacimiento, el crecimiento, la reproducción y la muerte. (De Beauvoir. 1980).

Lejos de ofrecer al anciano un recurso contra su destino biológico, la sociedad de hoy lo relega en vida a un pasado superado, disminuido, empobrecido, exiliado en su tiempo, el viejo sigue siendo el hombre que era. “La ansiedad lo lleva a adoptar medidas generales y radicales contra los ataques de la sociedad, reduce entonces sus relaciones con el mundo, desconfía y le resulta intelectualmente difícil abrirse a las nuevas ideas, sin embargo el anciano teme al cambio, porque no ve en éste una apertura sino una ruptura con su pasado, de modo que el habito asegura al anciano una especie de seguridad ontológica” (De Beauvoir. 1980).

También ocurren cambios a nivel sexual, “en el aparato reproductor masculino, la involución de las glándulas de secreciones endocrinas es una de las consecuencias más generales y más manifiestas de la senescencia, va acompañada de una involución de los órganos sexuales, en el hombre de edad no hay anomalía especial de los espermatozoides, en teoría la fecundación del óvulo por el esperma senil es indefinidamente posible, no existe ley general sobre la espermatogénesis, sino solo casos particulares, pero la erección es dos o tres veces más lenta que en la juventud, puede conservarse mucho tiempo sin eyaculación, control que se debe tanto a la experiencia coital como a una reducción de la intensidad de la respuesta sexual, en el hombre de edad las dos etapas se reducen a una sola y tiene a menudo la impresión de un rezumamiento más que de una expulsión, en conclusión con la edad las posibilidades de eyaculación y de erección disminuyen e incluso desaparecen, pero la impotencia no siempre entraña la extinción de la libido. (De Beauvoir. 1980).

Sin embargo, según Freud, lo sexual no se reduce a lo genital, “la libido no es un instinto, es la energía que sirve a las transformaciones del impulso sexual, gracias a esto, se puede concluir que el individuo cuyas funciones sexuales han diminuido o desaparecido no es por eso asexuado, la sexualidad es una intencionalidad vivida por el cuerpo, que apunta a otros cuerpos y se amolda al movimiento general de la existencia. La sexualidad solo desaparece con la muerte”. (De Beauvoir. 1980).

Sin embargo, “cuanto más elevado es el nivel intelectual del sujeto, más débil y lenta es la disminución de sus facultades, en conjunto los conocimientos bien asimilados, el vocabulario, la memoria inmediata y las cifras no se alteran” (De Beauvoir. 1980).

La condición de viejo es en nuestros tiempos es poco atendida, de hecho, al comparar la vida humana con las estaciones de la naturaleza, la vejez es comparada con el invierno. Y es que el tema de la vejez, es un asunto delicado por los diversos cambios físicos, emocionales, cognitivos que genera en las personas, además es el campo de lo psicosomático y por ende las enfermedades orgánicas dependen también estrechamente de factores psicológicos.

La vejez para los seres humanos representa un destino irremediable y la antesala a la inactividad, a la soledad, a las enfermedades, a la disminución de la sexualidad pero sobretodo la antesala a la muerte. por lo tanto, el hombre de edad está obligado a cuidarse, un esfuerzo excesivo podría acarrearle un paro cardíaco, una enfermedad lo dejaría definitivamente debilitado, un accidente sería irreparable o se repararía muy lentamente, las peleas le está prohibidas, para ejercer sus funciones naturales necesita artificios, prótesis, anteojos, aparatos acústicos, bastones, en general el hombre de edad suele sufrir de dolores precisos o difusos que le quitan todo placer a su existencia, por eso los hombres de edad detestan su vejez, su propia imagen les repugna, las mujeres no consideran su estado con complacencia.

“Lo más desgarrador de la senectud podría decirse que es el sentimiento de irreversibilidad, con una enfermedad, una persona conserva la posibilidad de restablecerse o por lo menos de detenerla, una invalidez debida a un accidente se limita a lo que es, las involuciones ocasionadas en esta etapa son irreparables, sobretodo porque van a aumentar de año en año, este deterioro es fatal, pero depende de numerosos factores el que sea lento o rápido, parcial o total y que tenga una influencia más o menos grande en el conjunto de la existencia. En la aurora de la vejez el cuerpo puede conservar su antiguo vigor o encontrar un nuevo equilibrio, pero a lo largo de los años se deteriora, pesa, molesta a las actividades del espíritu”. (De Beauvoir. 1980).

Entre las características de la vida cotidiana de los viejos está el hecho de sus cambios bruscos de humor, la relación que mantienen las personas de edad entre si son ambiguas, se complacen de estar juntos en la medida en que tienen recuerdos y una mentalidad semejante, los hombres son más indiferentes, las mujeres tienen más interesen en común y por lo tanto más complicidades y temas de discusión.

En conclusión, la vejez es una verdad empírica y universal que a partir de cierto número de años el organismo humano sufre una involución, al cabo de un tiempo acarrea una disminución de sus facultades mentales y un cambio de su actitud respecto al mundo. La vejez es una conclusión necesaria de la existencia humana.

Bibliografia

  • DE BEAUVOIR, Simone. La vejez. Editorial Suramericana. Buenos Aires – Argentina. 1980.

No hay comentarios: